Escuchando: Love me Do by The Beatles
from the album: Please Please Me
♫Love, love me do.
You know I love you,
I'll always be true,
So please, love me do.♪
Madrugada de martes, lloviendo y con un poco de Frio, que mejor momento para encontrar la inspiración que necesitaba... Llevo varios días con esta idea en la cabeza, pero hoy me parece un buen día para darle un poco de forma...
El Fragmento de la historia que están a punto de leer me surgió hace casi un mes mientras cruzaba la calle, rumbo al metro Pino Suarez.... espero que les guste y que critiquen mi forma de escribir, ya que es como la tercera vez que escribo un cuento.
"La primera impresión es la que cuenta"- desde que salió de aquella conferencia a Ramiro no se le podía olvidar aquella frase
"¿Porque - pensaba el -es tan importante la primera impresión para las personas? ¿Porque nunca me dan una segunda oportunidad?"
Y mientras Ramiro se encontraba atrapado en sus pensamientos, como solía sucederle, se percato de que el vagón del metro en el que viajaba comenzó a aminorar la velocidad al acercarse a la siguiente estación. Mientras más lenta era su marcha Ramiro se esforzaba mas en enfocar los rostros de las personas que aguardaban en el andén. "¿Cuál de ellas se estará fijando en mi también? - se preguntaba a sí mismo - ¿Se acordarían de mi rostro si les causara una buena impresión?"
El tren se detuvo de una forma un poco brusca, causándole a Ramiro dar un pequeño tropiezo: y mientras las primeras personas empezaban a abordar el vagón, no pudo evitar fijarse en una chica con uniforme escolar que corría para alcanzar a entrar en el metro, su cabello castaño rizado se balanceaba suavemente sobre su espalda, el aire parecía abrirle paso ante su sutil y hermoso trote, hasta el conductor del metro parecia haberse fijado en aquella belleza, ya que no fue si no hasta que ella abordo que las puertas cedieron ante su encanto.
"La primera impresión, la primera impresión - empezó a repetirse una y otra vez Ramiro - es lo único que cuenta, es lo único que cuenta"; lentamente, recuperando el aliento por la carrera que había realizado, pero complacida por haber logrado abordar el metro, se dirigió al lugar en el que se encontraba dentado Ramiro, el cual, no había dejado de observarla hipnóticamente desde que esta había agraciado el aire del vagón en el que se encontraban.
"La primera impresión, la primera impresión - continuaba repitiéndose - es la única que cuenta, es la única que cuenta"; y entonces, ella se inmovilizo enfrente del, lentamente soltó un suspiro que estremeció a Ramiro, se acomodo su hermosa cabellera, y bajo la mirada, fijándose por primera y última vez en aquel personaje, que la seguía mirando con unos ojos como platos y la boca semiabierta, y que, al igual que ella, se había quedado inmovilizado en su asiento.
Sin embargo, Ramiro se encontraba desilusionado, ya que en el momento en que ella fijo su vista en el, observo por primera y última vez sus ojos oscuros, los cuales, a diferencia del resto de su apariencia, le asemejaron a un lago sin fondo, frio y vacio. Ramiro bajo su mirada, encogió sus hombros, y se retiro de su asiento. Mientras se dirigía hacia las puertas el tren empezó a aminorar la marcha de nuevo. "Próxima estación: Pino Suarez" anuncio una dulce voz femenina a través de las bocinas del tren. Las puertas del metro comenzaron a separarse otra vez, y mientras Ramiro descendía del vagón, no pudo evitar regresar su vista, para tratar de encontrarse la mirada de la chica y esperar encontrar algo, pero ella ya no estaba; y al igual que esta, el metro intensifico su marcha y se perdió velozmente en la oscuridad del túnel, mientras Ramiro observaba fijamente el vacio que ambos habían dejado.
Ramiro no lo podía evitar, siempre que una chica le llamaba la atención este se perdía en sus pensamientos, olvidaba donde estaba, lo que tenía que hacer, o como tenía que reaccionar; pero al final, todas las jóvenes en el que el postraba sus ojos, al igual que la chica colegiala, terminaban decepcionándolo al encontrarse con su mirada. No había ninguna mirada aun que le transmitiera a él aquella sensación que esperaba; la cual, todavía no sabía cómo debía de ser, ya que, por supuesto, nunca la había sentido. Ramiro no era la clase de chico popular entré las mujeres, y el, más que nadie, lo sabía; y a pesar de haber crecido con cinco hermanas, aparte de su madre y sus tías, su habilidad con las mujeres no era, como el mismo decía, “ventajosa”. Media aproximadamente 1.75 metros, su piel era demasiado blanca para alguien que pasaba demasiado tiempo a merced del sol, lo que aumentaba mas su apariencia frágil y famélica.
Era la tarde más calurosa de aquel otoño realmente extraño; la gente que circulaba por las calles cargaba, aparte de con sus bolsos y portafolios, con paraguas, rompevientos y chamarras, ya que, como últimamente sucedía en el Valle de México, el clima era totalmente impredecible. Ramiro no era la excepción y, al igual que las demás personas, el también estaba preparado para lo que el clima le tenía preparado. Al ascender las escaleras de la salida de la estación del metro no pudo evitar llevar su mano derecha hacia su frente, para cubrirse del inclemente sol que lo había sorprendido. Las escaleras lo llevaron al centro de una explanada que se encontraba encima del metro, donde cientos, o tal vez, miles de personas caminaban apuradamente, sin verse siquiera un momento las unas a las otras. Y mientras Ramiro se encaminaba al cruce peatonal entre la plaza donde él estaba y la avenida que seguía, y sin un rumbo especifico, el tema le volvió a rondar en la cabeza.
“¿Cómo lograr una buena impresión? –se preguntaba- ¿Cómo puedo hacer que la gente se fije en mi?”; y en lo que su pensamiento lo absorbía nuevamente, caminaba como guiado por una mano divina, la cual correctamente le indicaba a Ramiro por donde andar, y en donde detenerse, sin que este se percatara de lo que hacía. Se detuvo en la esquina de la plaza, junto con mucha gente que, al igual que él, esperaba a que el semáforo de los automóviles que transitaban por la amplia avenida cambiara de color.
“La primera impresión es la que cuenta” seguía pensando; del otro lado de la avenida un numero parecido de personas esperaba el momento de cruzar, el semáforo cambio de color y dejo completamente libre de paso la avenida, la mano que guiaba a Ramiro volvió a seguir su camino, al igual que la demás gente empezó a cruzar la calle. Y entonces, la gente que cruzaba del otro lado empezó a dispersarse al momento de cruzar, y por segunda vez en el día, Ramiro abandono sus pensamientos y fijo su vista, entre el mar de gente vestida de trajes y corbatas negros, en una chica con un sombrero blanco.
Ramiro se paralizo en medio de la Avenida contemplando a la mujer que cruzaba, se fijo en su piel morena, en su vestido blanco de tirantes con un listón amarillo a la cintura, simple y bello al mismo tiempo, su sombrero amplio, adornado con una flor de color amarillo, que él no logro identifica. Se deslizo a su costado y ni siquiera volteo para mirarlo, el siguió con la cabeza y con su cuerpo su maravilloso andar, contemplo su cabello castaño rizado, que reposaba sobre sus hombros y sobre su espalda descubierta. Cruzo al otro lado de la Avenida mientras Ramiro seguía admirándola pasmado, en medio de la calle, y cuando este pensó que no había nada que hacer, ella giro lentamente su cabeza, solo para mirarlo.
Y en ese momento Ramiro lo supo, supo cómo era ese sentimiento que tanto había estado aguardando, al mirar su ojos verdes, su corazón se sintió tan cálido como si el mismísimo Sol estuviera a su lado, su cerebro se quedo totalmente en blanco, sus pies se quedaron totalmente inmovilizados, sus ojos le transmitían una profunda sensación de estar vivo, y de que quería que ese simple momento durara para siempre.
Y mientras contemplaba tal belleza, por solo un segundo más… su cuerpo y mente se elevaron por lo más alto de los cielos; su cuerpo regreso al pavimento, ensangrentado y lleno de cristales; su mente ya no regreso, totalmente inconsciente permaneció en el piso, mientras la camioneta que lo había atropellado acelero y se perdió en el ocaso.
El no sintió nada, en su mente todavía permanecía la imagen de aquella hermosa mujer, que le había cambiado totalmente la vida. Y en esa hermosa imagen en blanco, pudo escuchar su dulce voz: “La primera impresión es la que cuenta”; Ramiro abrió fugazmente los ojos, esperando encontrarse de nuevo con sus ojos esmeralda, pero solo vio un techo color blanco. Se encontraba en un cuarto totalmente desconocido para él, todo de color blanco, su cuerpo se encontraba totalmente inmovilizado, exceptuando su mano derecha. No podía mover su cabeza y vislumbrar el resto del cuarto, solo lograba ver el techo de color blanco. Con su única mano disponible palpo lo que tenía más cerca, y se encontró con un pedazo de lo que parecía, era papel. Acerco el trozo a sus ojos, y escrita con una letra estilizada, leyó:
La primera impresión es la que cuenta, repetiste eso una y otra vez en todo el camino hasta el hospital; los doctores dicen que eres alguien muy afortunado, por sobrevivir al accidente, yo al contrario pienso que eres un tonto, por quedarte parado de esa forma en medio de la calle, aunque debo aceptar, atrapaste totalmente mi atención.
Atte. Sofía.
PD, mañana volveré por mi sombrero
Y terminando de leer aquella carta, comenzó a palpar de nuevo sobre lo que había concluido, era una cama, y encontró un sombrero blanco de tela, lo acerco a sus ojos y miro aquella flor amarilla que en ese momento reconoció, una delicada dalia.
Fin
Jojojo, pues espero que les haya gustado, creo que me explaye un poco de mas, asi que espero que alguien termine de leerlo, opinen a ver que les parece